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La profesión docente, una profesión con riesgos

La actividad laboral en sí misma no tiene por qué suponer ningún riesgo para la salud de las personas que la realizan. Las condiciones físicas, materiales o ambientales en las que se desarrolla, en cambio, sí.


Los grandes avances sociales, tecnológicos y científicos, no han impedido que la siniestralidad laboral y las enfermedades profesionales, continúen siendo una lacra de nuestra sociedad, y las precarias condiciones en las que aún en muchos lugares se realiza el trabajo, las aumenta.


“Salud”, tal y como lo define la Organización Mundial de la Salud (OMS) es “el bienestar físico, psíquico y social, no sólo la ausencia de enfermedad”.


Es cierto que en las últimas décadas y en países democráticos (entre ellos España) se han comenzado a poner en práctica determinadas medidas preventivas. Pero éstas son aún muy escasas y tendentes, la mayoría de las veces, a evitar tan sólo los daños físicos y aquellos que se producen de manera inmediata.


Siguen obviándose por completo los múltiples factores de riesgo en los lugares de trabajo que atentan contra la salud psíquica y el bienestar social. Un buen ejemplo de la falta de voluntad por abordar desde un punto de vista integral y con medidas preventivas este tema, es la docencia.


La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Mundial del Trabajo (OMT), ya en 1966 y tras varios estudios, hicieron un llamamiento a los Estados sobre los serios riesgos a los que está expuesta la salud física y psíquica de los trabajadores de la enseñanza.


A pesar de este comunicado y 38 años después, el colectivo de docentes continúa siendo uno de los más desamparados en cuanto a la prevención de los riesgos laborales cotidianos en el desarrollo de su tarea.


Las razones por las que continúa sin abordarse con seriedad dicha prevención son muy variadas:

• La falta de voluntad de la Administración Educativa y del Rectorado para abordar este tema.

• Socialmente aún se considera, erróneamente, que la profesión docente no entraña riesgos.

• La falta de información de los trabajadores respecto a su salud laboral provoca, por lo general, que asocien sus patologías o enfermedades a causas comunes o extralaborales y no como consecuencia de los riesgos laborales.

• Estas situaciones suelen producir enfermedades (físicas y psíquicas) de carácter acumulativo que se desarrollan a lo largo del tiempo (incluso en algunos casos suele manifestarse en la etapa de jubilación). Su carácter no inmediato dificulta que esta pérdida de salud o de calidad de vida se relacione con los riesgos en el trabajo. Todos los estudios concluyen, en general, que los docentes están expuestos a riesgos derivados del ejercicio de sus funciones afectando, en mayor o menor medida, a la seguridad del colectivo.


Las situaciones de riesgo más habituales están asociadas a diferentes campos:

• Factores de riesgo físico, asociado a las instalaciones, maquinaria y herramientas con las que trabaja.

• Factores medioambientales (polvo, ruido, humedad, iluminación, temperatura...).

• Agentes químicos y/o biológicos (tóxicos, nocivos, irritantes, inflamables, hongos, bacterias, virus...).

• Factores psicosociales y organizativos asociados a las relaciones personales, la organización interna, el ritmo de trabajo, las exigencias de la tarea, la carga mental, la falta de apoyo social e institucional...


A consecuencia de estas situaciones se pueden producir lesiones, enfermedades y patologías serias que, como ya se ha mencionado, suelen desarrollarse en el tiempo y tener un carácter acumulativo. Entre las más frecuentes están las producidas por riesgos físicos como problemas otorrinolaringólogos (faringitis, pérdida auditiva, bronquitis...), problemas de la vista (pérdida de la capacidad visual, fatiga ocular...), problemas músculo esqueléticos (lesiones y dolores de espalda, lumbalgias, ciáticas, tendinitis, bursitis, dolores de cuello, hombros y piernas...), afecciones cardiovasculares (arritmias cardiacas, aumento del riego sanguíneo...).


Los riesgos de carácter psicosocial y organizativo son, sin duda, los más desconocidos y los que con más intensidad y frecuencia están afectando a la salud de los docentes. Producen reacciones emocionales como el estrés, psíquicas como el síndrome de Burn-out (estar quemado) y situaciones de Mobbing (atropello). Estas situaciones son muy habituales en la enseñanza, aunque los docentes no sean conscientes de ello y suelan relacionar las causas con factores ajenos al trabajo.


En los tres casos, los daños que producen son numerosos y serios. Afectan, por una parte, a la salud psíquica al producir, entre otros síntomas, sensación de frustración e impotencia, mal humor e irritabilidad, tensión, sensación de inutilidad, ansiedad, miedos, fobias, bloqueo mental, depresiones, trastornos de la personalidad, trastornos del sueño (pesadillas, insomnio), comportamientos antisociales, pérdida de concentración, etc.). Pero también tienen consecuencias que afectan a la salud física al producir cefaleas y migrañas, palpitaciones, arritmias, dificultades para respirar, temblores, trastornos alimenticios, úlceras, vómitos, tensión y dolor muscular, etc.


Para evitar estas situaciones es necesario poner en marcha una política de prevención en las universidades, que permita eliminar y/o reducir los riesgos inherentes a la actividad docente. Se debe integrar la prevención en todos los eslabones de la cadena jerárquica, desde el rectorado hasta el último de los trabajadores.


El objetivo debe ser mejorar la calidad de vida de los trabajadores y trabajadoras evitando los riesgos innecesarios que la ausencia de medidas preventivas causa en el profesorado.


Área de salud laboral de la federación de Enseñanza de Comisiones Obreras de Madrid

Artículo: Universidalia No. 6.


Puede descargar la revista completa en  este link.



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