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¿Estrés en la Universidad?

¿Estrés en la Universidad?

Entrevista con MARÍA LUISA ARIAS

Jefa de los Servicios Médicos de la Universidad Autónom

 


María Luisa lleva trabajando en medicina docente desde 1983 y ha visto cómo lo que era antes un Botiquín de primeros auxilios se ha convertido en un moderno Servicio de Salud Laboral. A pesar de los logros, pide más personal. Sólo cinco personas, dos médicos, dos ATS y un administrativo tienen que cuidar de 3.000 trabajadores, 2.000 de ellos profesores. Así mismo, apuesta por mostrar más atención a la salud laboral que a la mera cobertura sanitaria. Ella mejor que nadie conoce los problemas y dificultades de los docentes. Su diagnóstico: los riesgos psicosociales en la Universidad provocan la mayoría de las enfermedades. Su receta: investigar y trabajar en cooperación, menos competitividad porque “la unión hace la fuerza”.


1. ¿Cuáles son las enfermedades laborales más comunes entre el profesorado universitario?

Radicalmente, el estrés en el trabajo, que lleva a la ansiedad en la mayoría de los casos y en bastantes más de los que cabría pensarse provoca depresión. Hay patologías que serían más lógicas de pensar como, por ejemplo, los problemas de voz. Hubo un momento en el que los médicos de varias universidades nos planteamos hacer un estudio para incluir los problemas de voz como enfermedad laboral, ya que actualmente no está contemplado en la legislación como tal. Pero así y todo tiene mucha menos incidencia que el estrés.


2. ¿Cuáles son las causas más frecuentes de baja laboral entre el colectivo docente?

Las intervenciones quirúrgicas. Son difíciles de valorar porque los médicos de atención primaria no señalan en los partes de baja cuáles son las causas reales, para proteger así la intimidad del paciente. En cualquier caso hay una tremenda resistencia a estar de baja. Por los temas de depresión y estrés hay muchísimos profesores que están en tratamiento y no están de baja. Es más, hay docentes que deberían estar de baja por procesos complicados como tumores, que no cumplen la baja.


3. ¿Por tanto, es falso el mito de que los profesores son un colectivo con mucho absentismo laboral?

Sí, por razones de salud no suelen faltar. Se imponen niveles de autoexigencia salvajes, sobre todo en las áreas experimentales, donde la competitividad es brutal. Además, tienen el problema de que su tarea de investigación sólo pueden realizarla aquí. Tienen que venir a trabajar, en contra, en muchas ocasiones, de mi propio criterio.


4. En su larga carrera habrá observado distintas etapas. ¿Qué es lo que ha cambiado y qué es lo que ha permanecido en estos años?

El común de entonces y de ahora, y lo que a mí más me ha llamado la atención, son las patologías de orden psicosomático, sobre todo el estrés. En la actualidad a esto también se suman los problemas de tipo orgánico debido al paulatino envejecimiento del profesorado.


5. Respecto a las patologías piscosomáticas, ¿por qué éstas castigan más a los profesionales de la enseñanza que a otros colectivos?

El principal factor es la autoexigencia. Luego influyen las etapas por las que pasan. En un primer momento el investigador que quiere incorporarse sabe que tiene que acabar la tesis en departamentos duros, competitivos, dependientes de plazas, presupuestos, etc. El segundo escollo es la titularidad, otro momento difícil, en el que sufren enormemente. El tercer escollo es la competencia entre los propios departamentos. Tienen que publicar en revistas de prestigio para ser reconocidos, son evaluados por sus alumnos, no tienen suficiente tiempo para investigar, etc. En general, es un ambiente que enrarece sobremanera las relaciones personales y que en algunos casos lleva a situaciones verdaderamente dramáticas, como es la renuncia a la enseñanza.


6. ¿Cómo afecta el estrés laboral a la vida personal y diaria de los docentes?

El estrés es algo que se lleva encima las 24 horas del día y genera patologías de todo tipo. Hay profesores que derivan el estrés a lo físico. Hemos visto prácticamente de todo: dolores de espalda, insomnio, problemas gastrointestinales, angina de pecho, taquicardias, pérdidas de conocimiento... Respecto a aquellos que lo derivan a lo psíquico, caen en situaciones de angustia y en algunos casos de depresión, lo que supone una limitación absoluta para vivir.


7. ¿Cómo se tratan a los afectados por esta enfermedad?

Cuando detectamos que los problemas son psicosomáticos primeramente tratamos los síntomas. Siempre hay que demostrar que no hay nada orgánico y, si es así, se derivan a los especialistas correspondientes. Con esa evidencia a veces llegan a entender que el problema es de otra índole y entonces les recomendamos la psicoterapia, algo a lo que se resiste la mayoría porque no aceptan que factores externos les están dominando. Aunque parezca contradictorio, hay más resistencia en este colectivo que en el resto de la sociedad a tratar con psicólogos. Hay un pudor tremendo a que se sepa que necesitan ayuda, por no dar idea de debilidad en un mundo de competencia.


8. ¿Ha llegado a su consulta algún caso de mobbing?

Hay mucha presión, pero hablar de mobbing es muy difícil porque probarlo engendra muchas dificultades. A mi mesa todavía no llegado ningún caso probado, aunque seguramente se descubran porque los episodios de estrés, depresión y ansiedad de los que hemos hablado antes pueden estar determinados en su mayoría por el mobbing. Es una tarea complicada de demostrar, de evaluar y de aplicar medidas correctoras, porque los puestos de trabajo son fijos y depende de las personas que las relaciones personales sean mejores o peores.


9. Según recientes estudios, el síndrome de burn out afecta cada vez más a los profesores universitarios. ¿”Huele a quemado” en la Universidad?

Sí, lo que pasa es que los primeros años uno está en la lucha por llegar, los siguientes por establecerse y una vez asentado se percatan de la cantidad de problemas, pegas, peleas y falta de reconocimiento que hay dentro. Es en esta fase cuando aparece el síndrome de estar quemado. A partir de los cincuenta años los docentes me confiesan que están cansados, con la sensación encubierta de que es difícil modificar una estructura tan rígida como la universitaria.


10.A su juicio, ¿qué medidas deberían adoptar las administraciones para reducir el riesgo de padecer este tipo de enfermedades?

Se debe frenar la competitividad y sobre todo la falta de apoyo y de personal. En muchas ocasiones un profesor no puede coger una baja porque no hay gente que le supla, porque no quieren sobrecargar a sus compañeros. Otra causa es que entienden que si faltan ellos perjudican a los alumnos. Creo que es absolutamente necesario que la administración de la Universidad entienda que no pueden tener a gente en situación de enfermar sin alguna rebaja, ya no digo baja, de algunas actividades. Si además la institución no te permite que tengas algún sustituto para cumplir con las obligaciones docentes si te encuentras de baja, el problema se agrava.


11. ¿Se registran muchos accidentes laborales en este entorno?

Para el nivel de contacto que hay con productos tóxicos se dan muy pocos accidentes. Las facultades peligrosas son Medicina y Ciencias, ya que existen productos químicos, radiactividad, material biológico, animalario, etc. Los pocos accidentes que tratamos son salpicaduras por vertidos de productos químicos. El problema en estos casos se debe a que los investigadores experimentan con productos que no conocen bien, trabajan en el límite entre lo conocido y lo desconocido por el bien de la Ciencia. De ahí que las medidas de protección deban ser llevadas al límite.


12. ¿Se está cumpliendo la Ley de Prevención de riesgos laborales?

Sí. Es una ley que exige mucho, pero desde que se ha implantado la Universidad ha ganado enormemente en seguridad. Queda la tarea más importante: ir cambiando la mentalidad e ir más allá de mejorar las estructuras físicas, que es lo que se ha venido haciendo hasta el momento.


13. Después de haber tratado las enfermedades y los riesgos que rodean al profesor superior, en su opinión ¿cree que la Universidad es un entorno laboral nocivo para ellos?

En mi opinión, enseñar en la Universidad, al principio, es una tarea ilusionante. Todos conocen la dureza de su trabajo. Cuando les pregunto si les gusta su trabajo todos afirman que les encanta. Lo que no les gusta es todo lo que le rodea. Hay muchas cosas que tienen que mejorar para que los ambientes no sean tan agresivos.


Entrevista: Universidalia No. 6


Puede descargar la revista completa en este link.



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