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Por: Daphne Martínez | 28/05/2009
Nuevos tiempos, nuevas formas, nuevos retos
ALBERTO REQUENA Catedrático de Química-Física. Universidad de Murcia
Poco a poco y no exento de dificultades, el Espacio Europeo de Educación Superior se va abriendo camino. La idea gestada en la Sorbona en mayo de 1998, en Bolonia en 1999, en Lisboa en 2000, en Praga en 2001 y en Berlín en 2003, en sucesivas declaraciones y acuerdos de principios, puso en marcha el proceso de instauración de un sistema de titulaciones comparable, comprensible y capaz de promover oportunidades de trabajo a los estudiantes en los países miembros, al tiempo que movilizar una mayor competitividad internacional del sistema educativo europeo.
La trascendencia de estas iniciativas hace que el proceso sea complejo pero inevitable. Hemos vivido ajenos durante demasiado tiempo al contraste de la formación a nivel europeo. Ahora el sistema se hace imposible de mantener en el estado de disgregación en el que se encuentra, especialmente una vez superadas trabas, aparentemente más complejas, como los acuerdos en el ámbito económico y social con dimensiones europeas.
Es por ello por lo que cobra especial relevancia el sistema que habrá que implantar pivotando en torno a dos ciclos principales, grado y posgrado, un sistema único de créditos, ECTS, metodologías y criterios comparables para conseguir un objetivo de alcance: una educación a nivel europeo. El proyecto es ambicioso, no se puede negar. Por ello, las dificultades y barreras que hay que superar son numerosas y de importante talla, no se puede ocultar. Pero es cuestión de acometer profundas reformas y adaptaciones de los estudios universitarios para disponerlos convenientemente.
Estamos en la vorágine permanente del debate de nuestro presente y futuro inmediatos, al tiempo que con perspectiva se entrevé un medio y largo plazo de profundas modificaciones. Ya hemos comenzado a vivir nuevos tiempos. En nuestro sistema educativo permanecen todavía, casi como indelebles, rasgos que se hunden en la historia remota de finales del siglo XIX, cuando se promulgó la ley Moyano, que establecía los escalones de bachiller, licenciado y doctor. Ha llovido mucho desde entonces y las modificaciones no han adaptado necesariamente con éxito tiempos pasados a necesidades presentes.
Ahora, son muchas las modificaciones que hay que realizar desde el punto de vista legal. Pero sobre todo, por encima de todo, es la concepción de la enseñanza la que tiene que cambiar sustancialmente. Puede ser importante nuestra realidad autonómica, legal, social, pero no se puede ignorar que el conocimiento, la ciencia y la tecnología exigen cambios sustanciales que permitan abordar la modernización de un país con garantías de éxito.
Promover la formación, la investigación, el desarrollo y la innovación, son aspectos que no pueden quedar al margen del ámbito universitario. Pero lejos de ser indicativos, como hasta ahora, los nuevos tiempos exigen que la participación sea real, directa, integrando parte del entramado de la formación que pretende preparar a las personas para competir con garantías en el complejo mundo en el que estamos insertos.
Qué duda cabe de que las formas de aprendizaje también tienen que cambiar. Se han de adaptar a los nuevos tiempos que exigen mayor competencia, sin ambigüedad. Los medios de apoyo convencionales juegan su papel, por supuesto. Pero son precisas nuevas formas, más activas, participativas, sugerentes, de consulta, de trabajo relacionado con la investigación, con la metodología del aprendizaje de vanguardia. El esfuerzo de adaptación a los nuevos tiempos alcanza a todos los agentes que intervienen en el proceso.
No es exclusivo solamente de profesores, estudiantes y gestores de la educación. Se requiere el concurso de todos. Los profesionales de la edición y de la elaboración de útiles educativos tienen ante sí un reto de envergadura. Los protagonismos están en trance de verse seriamente alterados. El conocimiento no se puede concebir como simple acumulación de información. Hoy el dominio de las metodologías, la utilidad evidenciada y experimentada del conocimiento, surge con la exigencia de la valoración del tiempo como elemento primordial. No vale cualquier cosa en cualquier sitio. Solamente lo adecuado, lo preciso, lo revestido de interés, lo ajustado a la necesidad, lo auténtico, tiene espacio en los nuevos retos educativos a los que nos enfrentamos. Y no es concebible la marcha atrás. Es probable que no todos estemos llamados a la participación activa en una reforma que pretende de alguna manera remediar lo inadecuado que hasta ahora practicábamos, seguramente que la mayoría con buena voluntad. Es probable que se requiera una audacia especial para participar en una aventura que pretende mejorar el nivel de competencias de una sociedad que tiene, por obligación, que ser competente. Es probable, entonces, que lo mejor es que muchos no estorbemos a las nuevas generaciones que vienen con el empuje de mejorar y superar lo hasta aquí logrado. Esto sólo será un signo de la audacia con la que algunos somos capaces de entender la vida. Lejos de frustraciones, es bastante más acertado dar paso para que los que nos siguen cojan el testigo y empujen como lo hubiéramos hecho en otros tiempos.
Es un tiempo de reto, de cambio, de adaptación, de novedades, de empujes, de dificultades. En suma, es un nuevo tiempo que requiere de la ilusión con la que se inicia cualquier cosa en esta vida. Algunos podemos quedar para contribuir con nuestra experiencia a las demandas que otros nos hagan y que, deberían hacer, entre otras cosas para no incurrir en los mismos errores que otros, antes que ellos, hemos cometido. Será el último y mejor servicio que podemos hacer al Espacio de Educación Superior Europeo.
Sin duda, todo mejorará. Pero no hay que quedarse en la envoltura. Hay que penetrar con decisión y hacer la cirugía que haga falta. Eso sí, con la cordura suficiente para evitar frustraciones. Y en esto incluimos tanto a los protagonistas como a las autoridades que es de esperar estén a la altura de las circunstancias. Como no es ninguna broma lo que tenemos entre manos, esperamos seriedad en todos los ámbitos, evitar devaneos y cesiones a corporativismos que no tienen un futuro demasiado claro. Siempre hemos sido suficientemente inteligentes como para prosperar, incluso en épocas de dificultades. Ahora es un momento crucial.
Aquí todo el mundo tiene algo que ganar. En pocas áreas de la vida se da una circunstancia parecida. ¿Por qué no aprovecharla? La esperanza de Europa para conseguir el incremento de competitividad es lo que está en juego. La formación básica por un lado, fundamental para poder perfilar las necesidades más concretas del sistema productivo; la innovación como piedra fundamental para basar la competitividad, requieren recursos que demandan una sólida formación. Pero son los estudiantes los protagonistas de la educación. El aprendizaje es tarea de toda la vida, que tiene momentos de apremio pero que se extiende sin límite temporal. Y el disponer de un sistema de créditos con calidad contrastada es un aval que respalda a los estudiantes en el mercado laboral europeo.
Qué duda cabe de que todos estos aspectos y matices suponen una convulsión del sistema educativo universitario. La respuesta no puede ser otra que la adopción de medidas que mejoren nuestra situación actual incorporando elementos que aporten garantías de calidad formativa y docente. Esto alcanza también, y de forma importante, a los elementos que se ponen en juego en el proceso de aprendizaje.
Los libros siguen siendo instrumentos y no sólo dispositivos imprescindibles para lograr una cualificación adecuada. Pero también requieren nuevas formas para que no sea tan sólo información lo que destilen sus páginas, no es suficiente con nuevos conocimientos. Son precisas estructuras que inciten y fomenten la reflexión, que introduzcan nuevos enfoques acordes con las posibilidades que ofrecen nuevos tópicos, que los argumentos sean sugerentes y desencadenen mecanismos de consulta y contraste de conocimiento, que los ejercicios prácticos incluyan aspectos relevantes, que problemas y cuestiones completen conocimientos y aspectos concretos de interés, que se incorporen mecanismos de ampliación de conocimientos o puesta en juego de habilidades en aspectos concretos desde la discrecionalidad del propio estudiante. El apoyo que recibe hoy de las nuevas tecnologías, incluyendo la extraordinaria aportación de Internet convierte el material educativo en un elemento insoslayable de consulta, contraste y aprendizaje inigualable.
En suma que, aunque pueda parecer que el conocimiento es único y universal, la forma de adquirirlo es del todo individual y las herramientas deben respetar este incontestable hecho. Es cierto que cualquier técnica un poco elaborada concede interés a las inquietudes y niveles propios de la formación y curiosidad de los lectores, por tanto, se trata de aprovechar todos los recursos hoy a nuestro alcance que faciliten el hecho de la transmisión de conocimiento de forma eficaz.
Seguramente las estructuras administrativas llegarán relativamente pronto a establecer protocolos de actuación que rápidamente se convertirán en rutinarios. Pero no cabe ninguna duda de que el proceso de cambio al que nos enfrentamos no tiene nada de rutinario. Los objetivos están claramente establecidos. No sólo no se discuten, sino que, en buena lógica, se desean. Los medios, indudablemente se adaptarán con la eficacia que los sistemas competitivos dictan. Sólo hay que comenzar a mentalizarse de que los nuevos tiempos nos requieren con la ilusión de los comienzos de las grandes obras. Confiamos en que valdrá la pena haber hecho el recorrido y que hayamos participado cada uno desde nuestra parcela, contribuyendo al éxito que necesitamos que se produzca. Buena suerte a todos, ¡nos jugamos mucho!
Artículo: Universidalia No. 9



