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Bolonia desde la mirada de un estudiante

Al mismo tiempo que el Plan Bolonia va aterrizando en las universidades las dudas se multiplican, especialmente entre los estudiantes, uno de los colectivos más afectados por los cambios. Como protesta, muchos se han atrincherado en los Campus para exigir que se pare la reforma, pero hasta el momento no parece que sus reclamaciones hayan calado muy hondo entre las altas esferas. Ángel Gabilondo, nuevo ministro de Educación, lo ha dejado claro: Bolonia "no ha de pararse".


Contra qué se movilizan



Aunque las proclamas contra la aplicación del Plan Bolonia en España son de lo más variadas, existen varias ideas que corren de boca en boca por los mentideros universitarios: privatización y elitización de la Universidad, mercantilización del conocimiento, desaparición de las becas y la imposibilidad de compaginar los estudios con cualquier tipo de trabajo. ¿Hasta qué punto son reales estas afirmaciones?


1. Desaparición de las Humanidades


Las primeras voces en contra de Bolonia empezaron a oírse en 2005, cuando se planteó la futura desaparición de algunas carreras de Letras como Humanidades, Historia del Arte y varias filologías. En este caso fue Bruselas quien salió al paso de las críticas, explicando que el EEES no tenía nada que ver con ese planteamiento y que era cada país quien tomaba sus propias decisiones sobre la aplicación del Plan Bolonia. Desde ese momento la imagen del Proceso quedó seriamente dañada y fue adquiriendo impopularidad entre los estudiantes.


2. Participación de los estudiantes


Aunque las autoridades educativas insisten constantemente en que se ha facilitado en todo momento el diálogo con toda la comunidad universitaria, lo cierto es que muchos estudiantes sienten Bolonia como una obligación. Y es esta imposición la que alimenta más ese espíritu de rebeldía y constituye uno de los puntos más polémicos. “El Proceso de Bolonia en España no está pensado ni piensa en los universitarios que estudian y trabajan y que suponen actualmente un porcentaje muy importante”, explican desde la CREUP.


Desde la Cumbre de Praga (2001), se ha reconocido que hay que contar con todos, incluidos los estudiantes. Pero nadie sabe muy bien cuál es su papel real, a pesar de que todos los documentos legales aluden constantemente al papel activo de alumnos y docentes en la construcción del EEES.


3. Desaparición de las becas


Otro de los argumentos que más preocupan a los jóvenes es la supuesta desaparición de las becas para realizar estudios universitarios. Según los anti-Bolonia la reforma acabará con el sistema público de ayudas, lo que hará que sólo unos cuantos privilegiados puedan acceder a la universidad y que se convierta en un lugar para “élites”. Este planteamiento surge a raíz de la aparición de un nuevo sistema de financiación, los préstamos renta-universidad, que están unidos a la capacidad de renta futura de los estudiantes.


Algunos grupos han extendido el mensaje de que estos préstamos benefician a la banca y sustituirán a las tradicionales becas porque resultan más rentables para el sector privado. Gabilondo afirma que tienen razón los que pide más ayudas porque actualmente “sólo tienen becas universitarias el 20 por ciento de los estudiantes, mientras en los países de nuestro entorno es en torno al 40”, pero niega rotundamente que se vayan a sustituir por las mal llamadas “becas-préstamo”, porque se trata de medidas complementarias.


4. Privatización de la Universidad y mercantilización del conocimiento


Se habla de un proceso de privatización de la Universidad cuando no ha sido planteado ningún cambio ni en cuanto a la titularidad de los centros (mayoritariamente públicos) ni en la financiación. De hecho, el 80 por ciento del presupuesto de las universidades públicas se financia gracias a las aportaciones que anualmente les asigna cada Comunidad Autónoma.


La CREUP responde a los anti-Bolonia: “la adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior no supone una privatización de la universidad pública, ni obliga a hacer un año de prácticas en empresas, ni tiene que significar un aumento de las tasas universitarias”. Eso sí, reclaman que se coordinen los precios entre las distintas Comunidades Autónomas para evitar, por ejemplo, que “un Grado en Ingeniería cueste más en Murcia que en Madrid”.


La innovación es uno de los principales retos a los que debe enfrentarse nuestro sistema universitario para alcanzar los objetivos marcados en la Estrategia Universidad 2015 del Gobierno. Transferir el conocimiento a la sociedad y generar nuevas patentes son dos de las asignaturas pendientes de nuestro país, que necesitan fuentes alternativas a la financiación pública. La entrada de las empresas como aliados supone para muchos una amenaza al conocimiento universitario, que podría verse mercantilizado por parte del capital privado.

 



 



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