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Los escalones hacia la construcción europea
EDUARDO CUENCA GARCÍA Catedrático de Economía Aplicada. Universidad de Granada.
El proyecto de integrar Europa que comenzó hace cincuenta años ha venido avanzando con no pocas dificultades, pero consiguiendo logros que ni los más optimistas podían imaginar cuando se puso en marcha.
Se ha progresado en la integración económica con la creación de una unión aduanera en la que se desmantelaron las barreras arancelarias entre los países miembros y se aplica un arancel común, se consiguió un mercado común con libre circulación de trabajadores y capitales y por último, se alcanza una unión económica y monetaria parcial.
Paralelamente se implantaron nuevas políticas que han reforzado la unión de los mercados en sectores como la agricultura, la pesca, completándose con otras como la regional, la de competencia o armonización fiscal, sin olvidar la contribución a la reunificación del continente a través de las últimas ampliaciones, tras la división que se produjo con la guerra fría.
En la actualidad la Unión Europea, además de consolidar lo conseguido, se plantea nuevos retos en políticas comunes necesitadas de avances claros en consonancia con los problemas planteados en el mundo, en la reforma de las instituciones que permitan una mejor gobernabilidad entre sus miembros y en una Europa más social y de los ciudadanos.
En esa línea se planteó el Tratado de Lisboa, que tras haber sido aprobado en diciembre de 2007 ha encontrado su primer obstáculo con el no de Irlanda al Tratado el 12 de junio de 2008. Fue un duro golpe a las aspiraciones europeístas, algo parecido a lo que ocurrió con este país cuando también rechazó el Tratado de Niza (aprobándolo un año más tarde). El Tratado se presentó como una especie de plan B del Tratado sobre una Constitución para Europa que en 2005 se había abandonado tras el no de Holanda y Francia.
El Tratado, entre otras cosas, abría las puertas para un funcionamiento más eficiente de las instituciones europeas, amplía las funciones del Parlamento Europeo, avanza en las decisiones por mayoría y refuerza la política exterior de la Unión. Aunque hasta ahora 20 países lo han ratificado, quedan seis (R Checa, Suecia, Chipre, Holanda, Italia y Bélgica) con una clara resistencia también de los checos.
Ante la situación creada por los irlandeses se están barajando posibles soluciones al conflicto, entre las que se contempla un nuevo intento en Irlanda en junio de 2009, coincidiendo con las elecciones al Parlamento europeo tras haber conseguido mantener su comisario en la nueva Comisión que entrara en vigor en noviembre de 2009, su neutralidad en defensa, los privilegios en materia de cooperación judicial y policial, y su organización fiscal.
No será fácil avanzar de aquí en adelante, sobre todo porque muchos de los temas que más preocupan a los europeos en la actualidad como la cohesión, la mayor identificación de los ciudadanos con el proyecto, el medio ambiente, la inmigración, los controles de frontera, las nuevas tecnologías, los gastos del presupuesto, la ayuda al desarrollo, los temas políticos y sociales están muy presente.
Sin embargo, no hay que olvidar la capacidad que hasta ahora ha tenido la Unión para resolverlos e ir construyendo esa Europa “a golpe de crisis” que poco a poco ha ido alcanzado y mejorando el clima de buena convivencia en el continente, nunca antes conocido. Buenos líderes y voluntad política serán la esencia de esa nueva etapa de la integración europea en la que nos encontramos.
Fuente: Artículo Universidalia No. 10
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