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El toro bravo y la fiesta nacional

El toro bravo y la fiesta nacional.

No sé si alguien entre vosotros ha asistido alguna vez a una corrida de toros o similar. Yo no he ido nunca porque me desagrada ver sufrir a los animales o ver como algunos descerebrados borrachos arriesgan su vida por el simple gusto de ser más insensatos que los demás.

El toro bravo es una especie salvaje que ha sido seleccionada en la dirección del mantenimiento de sus características originales. Su versión doméstica, el buey y la vaca fueron seleccionados para producción de leche y carne, ahí los tenemos: vacas con ubres que parecen explotar y que les impiden andar y bueyes que se someten al yugo en el trabajo y al carnicero en los mataderos.

El toro bravo y su hembra no sirven para eso, no son rentables, no han sido sometidos a la mejora genética que sufrieron y sufren aún sus hermanos buey y vaca. En realidad el toro bravo no sirve al sistema para nada, salvo la puesta a prueba de su bravura, en esos rituales de sacrificio al valor y la nobleza del animal. Es el único animal en el mundo que tiene derecho a morir luchando y a veces matando; incluso puede salvar su vida si demuestra una bravura y nobleza excepcionales.

He convivido durante dos años con los anglosajones y he trabajado con ellos durante muchos más, muchos creen que los españoles somos brutos y sanguinarios, que las corridas de toros contribuyen a ello y son una muestra del poco respeto que nuestra "raza" tiene por los animales. Nos desprecian porque todavía conservamos lo que ellos llaman una muestra de la barbarie de los circos romanos.

Esta gente necesita que se le conteste con argumentos tales como que en España todavía hay lobos, osos y toros, ¿Donde están los que habitaban en UK?

En la América que conquistaron y ocuparon los españoles hay de todo, incluso aborígenes humanos, en muchos estados son mayoría y algunos de ellos han llegado a presidentes de su país. ¿Donde están los aborígenes de Australia o de Norteamérica? Quedan cuatro que exhiben como atracción turística por doquier para intentar ocultar al resto del mundo la condición genocida de los mismos que nos desprecian por las corridas de toros.

Mientras en España se ponía nombre, se cuidaban y protegían a los toros en inmensas dehesas donde gozaban, hasta los cuatro años de edad, de los mejores privilegios; en USA se premiaba a aquellos que participaban en el exterminio de los búfalos, principal sustento de los aborígenes norteamericanos, con el criminal propósito de exterminar a dichas personas por hambre.

Mientras en España la gente discutía en sus peñas taurinas del arte de los toreros que mejor sabían extraer, con su propio valor y elegancia, la bravura y nobleza del animal que, luchando por su vida hasta el último suspiro, sería recordado para la historia o premiado con el honor de gozar de toda una vida en la libertad de los campos, en compañía de sus hembras e hijos como semental; en Australia, los anglosajones se asociaban en clubes de cazadores de aborígenes, donde se vanagloriaban del número de personas que cada uno había asesinado impunemente con sus infalibles armas de fuego.

Nuestros toros son una especie que todavía existe gracias a la fiesta nacional, no sirve para otra cosa excepto para morir luchando, no son rentables ni para carne ni para leche. La abolición de las corridas de toros supondría su extinción.

No lo volveríamos a ver orgulloso y desafiante en las inmensas dehesas, conocedor de que el progreso humano no lo ha castrado, no lo ha privado de su libertad, ni de su orgullo. No volveríamos a ver la mirada altiva de quien sabe que puede morir; pero matando.

Lástima que muchas personas hayan perdido ya lo que los toros aún conservan. Al toro en España, se le conoce por su nombre, más que un animal es un símbolo que muchos deberíamos imitar para dejar de ser cabestros, lame-culos del sistema y de las presiones internacionales.

El toro no sale a la plaza para ser torturado, eso se practica mejor en Guantánamo; el toro sale a la plaza para demostrar a los humanos cobardes como muere un valiente, como se lucha hasta el último aliento de vida con honor y bravura contra el poder, contra la inteligencia, contra la adversidad.

La lección que fiesta tras fiesta el espíritu del toro trasmite a la humanidad es la que hace a nuestra cultura diferente, sí; pero también mejor que la de aquellos que ahora pretenden lavar la conciencia de sus genocidios, criticando, denigrando, despreciando el homenaje al valor de un animal que se celebra solo en aquellos países donde todavía el valor y la nobleza significan algo.

A mi no me gusta ver sufrir al animal, tampoco me gusta ver morir al torero, acontecimiento que, aunque poco frecuente, es celebrado por los que se dicen respetuosos de la vida. Pero hay algo que nunca haré, doblegar mi espíritu, ni mi cultura a las críticas de ignorantes sádicos que tienen como héroe nacional al exterminador Búffalo Bill. A los que nunca dijeron nada cuando morían a millones los niños de Iraq por el bloqueo comercial, a los que no dicen nada ante los genocidios de Hiroshima y Nagasaki, o si dicen; dicen que fue necesario para salvar vidas. Pues por mí que sigan con su impúdica argumentación. No me someteré, quiero seguir viendo al toro bravo en las inmensas dehesas y luchando feroz contra el poder, la inteligencia y la opresión hasta arrancar su libertad o su muerte a los jueces del valor y la nobleza.

No hay jueces del valor y la nobleza para humanos, solo el toro merece tal honor. ¡Que siga viviendo el toro que es el único asidero de orgullo y dignidad que nos queda a los cabestros humanos!

Vale la pena meditar antes de hacer o decir, quizá las cosas no sean como creemos, tal vez son diferentes de lo que nos dicen, ¿quien sabe? Pero si el toro desaparece nunca lo sabremos.

 



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