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España, 11M

Hoy es uno de esos días ambivalentes en los que hay tanto por lo que llorar como por celebrar.

Puede que suene extraño que hoy se pueda conmemorar algo digno de celebrar; pero yo lo siento, me atrevería a decir, como lo sentiría un general de la época del imperio romano, al día siguiente de una dura y gran victoria. Contemplo en mi memoria la muerte por doquier, oigo los gritos de los heridos, los llantos de quienes perdieron a su mejor amigo, al hijo, al ser más querido. No falta la sombra de los buitres disputando a los lobos los restos de la masacre, carroñeros que siguen hurgando aún hoy en busca de algo de provecho que extraer de tan terrible prueba de dolor.

Pero ya está todo hecho, aquél aciago día pasó y la victoria fue nuestra, del pueblo, de la gente de la calle y nadie más. Es hora de corresponder al esfuerzo, al sacrificio, a la abnegación y al riesgo que tantas personas asumieron sin otro interés que la solidaridad y ayuda. Desprendidos de cualquier bagaje de precaución, prudencia, ira o temor acudieron todos a ayudar y ayudaron, por supuesto que ayudaron, pero mucho más de lo que tenían previsto. El pueblo de Madrid, crisol de los pueblos de todas las Españas, dio una vez más y por enésima vez, una gran lección al mundo. Qué gran lección surgió de sus propios corazones, sin dirección ni mando, sin guía ni protocolo, en un orden increíble, con una eficiencia impropia del caos que lo envolvía todo. Con la severidad en el rostro, la frente en alto, los dientes apretados y lágrimas de rabia en los ojos fueron derechos contra la muerte. Hicieron de los restos mobiliarios camillas, de los huecos centros de primeras atenciones y de cualquier vehículo ambulancias. No hubo esperas ni retrasos para atender a los heridos, pues los hospitales estaban llenos de médicos y enfermeras, camilleros y auxiliares que aún estando libres de servicio, corrieron a sus puestos y ya aguardaban en las puertas la llegada masiva de quienes los necesitaban. Cómo explicar tanta grandeza surgida de la destrucción, la muerte y el caos. En otros países el daño fue similar o mayor, pero la reacción de la gente no fue así, a algunos les resulta extraño y aún hoy estudian el fenómeno social que se dio en aquél terrible día de Madrid. Los científicos, sociólogos y psicólogos, recopilan datos, estudian e intentan comprender. Señores, no pierdan el tiempo, lean la historia de este pueblo y acéptenlo de una vez. Los españoles somos así, siempre hemos sido así y ruego por que sigamos siendo así, para ejemplo y asombro del mundo entero.

Honor y mi más humilde reverencia a este gran pueblo de España, mi pueblo.


 



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Comentarios (1)

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    Por: Daphne Martínez | 18/03/2010 16:45

    Gracias

    Me quedo sin palabras Carlos, gracias por compartir estos pensamientos con nosotros y, estoy contigo, honor y reverencia.

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