SOLEDAD
Estaba yo esperando mi vuelo de regreso a Granada en la T4 de Madrid, como tanta otra gente desconocida y anónima que deambula por cualquier aeropuerto, cuando de repente sentí la enorme soledad del momento. Venía de coger varias líneas de Metro y recorrer todo Madrid, en un viaje que había durado casi hora y media. También en el Metro había sentido esa soledad, aunque en ese momento no me había afectado tanto. Sorprende ver cómo la gente es capaz de enclaustrarse en sus pensamientos, problemas e ilusiones y hacer como si estuviera sola, caminando y esquivando obstáculos entre una marea humana que siempre parece saber dónde va. Dispositivos electrónicos muy variados, entre ellos lectores de libros electrónicos, pueblan el universo subterráneo de Madrid. Nos miramos, nos ignoramos, vamos a lo nuestro y pasamos olímpicamente del que tenemos al lado. Ni siquiera un “buenos días/tardes/noches” o un simple “adiós”. Son los tiempos que nos toca vivir.
Sin embargo, una vez superado la tensión de llegar al aeropuerto y estar descansando en una Terminal que, dicho sea de paso, es fantástica, la soledad cae a plomo y sin avisar sobre mi cabeza. Mire hacia donde mire, encuentro gente hablando sola. Los teléfonos móviles actuales permiten situaciones que rozan la caricatura, en la que personas, aparentemente normales, comparten contigo a “grito pelado”, como decimos en Andalucía, sus conversaciones y el contenido de las mismas, aunque no sean capaces de decirte “hola” en ningún momento. También son capaces de gesticular y “danzar” de un lado hacia otro, en un baile más propio de lo que en tiempos pasados sería la actitud del “tonto del pueblo” (hoy habría que decir del “tonto o la tonta del pueblo”). Pero no les importa. No existe sentido del ridículo. Todo el mundo hace lo mismo. Todos aceptamos esa actitud: vivo, trabajo, me comunico…..y paso de lo que me rodea.
Pero, ¿por qué reflexionaba yo sobre mi soledad? Realmente, me importan poco los problemas de los demás y yo, con mi actitud, también contribuyo a su soledad. Pues todo tiene un mismo origen: la vida tan agitada que llevamos que no deja tiempo para pensar y para reflexionar y, cuando finalmente puedes hacerlo, te pilla (por ejemplo) en el aeropuerto. Y es entonces cuando te das cuenta de que hemos tocado fondo. Que los problemas de los demás también pueden ser tuyos. Y que, quizá, los demás están demandando ayuda, como lo puedas hacer tú en algún momento. Y entonces, como parte del sistema que tenemos y de los medios que nos proporciona, surge la posibilidad de Internet y de este Blog, para decir lo que no soy capaz, o “no tengo tiempo”, de decir en persona a la gente que me rodea. La vida es así de extraña en el siglo XXI. Somos capaces de abrirnos electrónicamente “en canal” a personas que no conocemos, pero no de hacerlo en persona a esas mismas personas.
Y lo que me atormenta en los últimos días/meses es la soledad del docente. En cualquier nivel educativo, el docente es víctima de un sistema en el que se habla mucho, muchísimo, de derechos y muy poco, poquísimo, de obligaciones. Un sistema en el que la figura del “profesor” (hoy día hay que decir “profesor/profesora”) no es la que era. Un ejemplo: cuando yo era pequeño, si mis profesores me regañaban por algo, al llegar a mi casa mis padres (mejor dicho, mi padre y mi madre que, afortunadamente, los tenía y los tengo) me regañaban de nuevo e incluso me hacían pedir perdón. Hoy día, los profesores y profesoras deben “contar hasta diez” y pensarlo muy bien antes de hacer nada, porque esos padres y madres son capaces de denunciar la represión ante una instancia oficial superior y provocar un verdadero problema al colegio en el que trabajan. Hemos pasado del “todo vale” al “nada vale”. Siempre han existido profesores/as incompetentes, como en todas las profesiones. Sin embargo, sería injusto decir que han sido mayoría. No. Los profesores/as han sido normalmente personas ejemplares, queridos/as por sus alumnos/as y respetados por todos/as. También por el sistema educativo. ¿Qué ha pasado? ¿Qué está pasando? Quizá la culpa la tenga tanta soledad. Soledad que no nos permite compartir, hablar, relacionarnos como antes. En defensa de los docentes, es hora de acabar con la soledad y hacer de la comunidad educativa (gestores del sistema, docentes, alumnado y sus familias) una verdadera Comunidad. ¿Cuál sería, en caso contrario, la enseñanza y el ejemplo para nuestros hijos/as? No todo va a ser "la cuestión de genero", ¿no?
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Comentarios
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Por: Carmen M. Hernández Afonso | 12/10/2010 15:26
soledad
la soledad del docente...en algunos centros,en la mayoría de ellos. pero precisamente hoy
Jerónimo tengo algo que aportar a lo que comentas en otro sentido,si hubiera sido el curso pasado,lo haría dentro del más absoluto pesimismo.
¿dónde empieza la soledad del docente? puede que el día que te presentas en tu centro,para tomar posesión el director te reciba con reticencias,previamente puede que se haya informado de cómo trabajas llamando al centro del que procedes,y te hablo de la enseñanza pública.si las referencias son buenas,puede que aún te siga probando. Si no lo son tantos,las expectativas en tí pueden pesarte como una losa.Si te auditan e incluso te dan una mención positiva por anticipar una tarea, puede que no no te lo reconozca y si lo hace nunca lo hará en público Y ante estas circunstancias me planteo,¿cómo un docente que es capaz de tener estas actitudes,puede tener otras respecto al alumnado?Porque no cabe duda que las expectativas que tenemos sobre el alumnado y sobre el profesorado influyen en el rendimiento. Más en el del alumnado porque es más débil.Y muchas veces esta actitud la traslada al resto de docentes,que sin conocer " al nuevo" ya lo aíslan.
Pero como te decía hoy no puedo sostener la línea anterior,no porque hayan dejado de existir esas actitudes,sino porque también hay otras.
Un día te destinan a un centro,puede que muy lejos de tu lugar de residencia,sufres por ello y luchas porque te acerquen. Pero ésto no ocurre y te das cuenta que nada de lo que habías vivido hasta ahora se parece a esta nueva situación.Los compañeros se unen,se agrupan para viajar juntos,el conocimiento mutuo toma otros matices.
El centro es innovador,el claustro relajado,el equipo directivo muy trabajador y consciente que la mayoría del profesorado,ya lleva 1 hora o más de carretera.Los comentarios acerca del alumnado son menos agresivos,las caras están menos tensas. Muchos proyectos,más sonrisas que caras serias. No, no es un sueño. Porque ese centro existe,esos profesores seguirán viajando juntos,ese alumnado está creciendo en un buen clima,ese jefe de estudios seguirá asistiendo a todas las reuniones de tutores,...
Y sí,has de cuidar tus expresiones,has de ser paciente con las familias cuando hay dificultades y sobre todo has de ser muy feliz en tu trabajo,si puedes y si tienes la suerte de encontrar este entorno. Es muy difícil yo llevo muchos años trabajando y creo que es la segunda vez que lo encuentro.
A veces recibimos un regalo maravilloso del que no somos conscientes de su calidad hasta que lo abrimos.




